Laureano Cuesta, del Banco Santander de Chile, y Luis Dasilva de Actizime, Brasil, alertan sobre el crecimiento y refinación de las técnicas de fraude en este canal que sigue en expansión
Los diferentes procesos y transacciones que se pueden realizar a través de distintos canales bancarios abren posibilidades nuevas para la realización de operaciones fraudulentas. Hoy en dia ésta es una de las mayores preocupaciones que enfrentan los bancos, y con razón, ya que de la resolución de estos casos depende la credibilidad de la institución.
Los ataques son dirigidos en muchos casos, y no aleatorios, es decir, que se estudia el terreno a explotar de forma previa, aunque luego el proceso se compone de varias fases que se pueden desgranar y analizar separadamente. El ataque puede comenzar con los repetidos intentos de un robot por encontrar un agujero en la seguridad, y una vez encontrado, desencadenarse otra sucesión de fases de progresión hasta el momento del golpe propiamente dicho. En cada una de estas fases, diversos especialistas en fraude llevan a cabo maniobras de ocultamiento que hacen cada vez más difícil el hallazgo de responsables. Como ejemplo, se pone el caso de la clonación de tarjetas, uno de los blancos más comunes, en que el “clonador” vende la información a otra persona que será la encargada de continuar el proceso de transferencia de fondos, etc., borrando las huellas a medida que pasa de manos.
Por esta razón es necesario ubicarse siempre un paso más adelante en las innovaciones tecnológicas de prevención, ya que como señalaran los disertantes, a transacciones en tiempo real, hay que oponer detección en tiempo real.
María Eugenia Druetta









